Zarzal

Agosto 30, 2007

Perdón, perdón, perdón por mi ausencia estas últimas semanas (meses, me temo).

Sigo aquí. Sin un minuto libre, pero sigo aquí, y no me ha pasado nada ni he dejado de acordarme del blogcírculo, que ojalá estuvierais aquí y dejarais esta virtualidad hirviente, soy así de egoísta.

Cada día he sentido el impulso de escribir un post diciendo que mejor cerraba el blog, que ya no tengo tiempo, pero un minuto después me decía a mi mismo no, espera a mañana, que igual mañana tienes algo de tiempo y puedes postear algo. Y con esta tontería han ido pasando los días y las semanas.

Pero Ángela me ha escrito un mail y me ha dicho oye, visita el blog de las Ruvis y mira lo que has hecho, descastado, insensible, desgraciado. Y me he encontrado con una ciber-batida de búsqueda que me ha hecho sentir como esos que bajan a por tabaco y no vuelven, dejando un tresillo hueco y a un crío mirando por la ventana. Y más aún, descubro que Iago se ha convertido en viuda y que ha escrito un melodrama de corrala bastante preocupante. Y que Ruth me ha dado un premio que pienso pasar a recoger porque me ha hecho mucha ilusión (y porque soy así de egoísta). Y que en el cuento “Una muñeca exclusiva” se ha desgranado una colección de alucinantes comments con acento mejicano en los que se me pone a parir con fiereza tropical. Estoy pensando en postear un relato sobre Hernán Cortés sólo por los comentarios, güei. Y viva Chiapas, que me pareció uno de los sitios más hermosos que haya visto jamás.

En fin, volviendo a lo nuestro, resulta que tengo mucho trabajo y que estoy pasando por algunos cambios profesionales que vienen a ser como saltar sin paracaídas y fiarse del suelo. Pero bueno. Eso. Tengo el teclado del portátil hecho un zarzal freelance -después de varios años ajardinado en la misma productora- y una creciente sensación nocturna en el plexo solar, eso que queda justo entre el spleen y el estómago.

Para solaz del Víbora diré que en parte tiene razón cuando se preguntaba si no me habrían hecho productor. Me temo que sí. Estoy metido en una serie en la que además de escribir soy el productor ejecutivo, una cosa que viene a significar que te pregunten “¿te gusta la chaqueta del protagonista así o le ponemos unas chorreritas en gris perla?” y “¿qué porcentaje de intereses pasivos aplicamos al presupuesto?” Una juerga, vamos.

Sigo aquí, y a falta de una historia de terror, que últimamente no tengo un minuto para poner al día mis cadáveres, os pongo una canción para bailar en plan tribu yutúbea y celebrarnos a nosotros mismos (que soy así de egoísta).

La escribieron e interpretaron los ficticios hermanos Wilbury, que ni eran hermanos (si lo fueran, ¡qué genética, señora!) ni se apellidaban Wilbury, o sea que tienen su misterio, eso sí, fácil de resolver en cuanto veáis sus rostros.

Bailad, bailad siguiendo las instrucciones de la canción. La mano en la cabeza, un pie en el aire… y a dar saltos por la habitación en ropa interior. Es inquietantemente liberador.

PS. Mil perdones. Y gracias a todos. Sobre todo a las Ruvis por ese post tan abrumador.