Unos amigos han sacado un disco; el cuarto de su carrera. Y como me gusta presumir de amigos, pues os pongo aquí el primer single, titulado “Colillas en el suelo”. (Por cierto, en mi opinión hay canciones mucho mejores -incluso- en el álbum. Os recomiendo que lo escuchéis).
En Semana Santa visité Londres y estuve, entre otros sitios, en el museo Tate Modern de arte contemporáneo. Allí está expuesta esa lata que veis en la foto. Se titula Mierda de Artista.
En 1961, Pieron Manzoni llenó unas cuantas cajitas con sus propias heces, las etiquetó bajo ese título tan descriptivo y las vendió por un precio equivalente a su peso en oro.
Decía mi profesor de filosofía lo mismo que decía Ortega: “yo soy yo y mi circunstancia, señores, y ahí queda eso”. Supongo que mi profesor y Ortega eran, en efecto, ellos mismos y su circunstancia.
Pero en la puerta del súper se ha sentado una mujer con los pies descalzos, cicatrices en los labios, el cuello timbrado de cardenales y la mano extendida hacia adelante como un by-pass, y viéndola me temo que ella no es ella. Es sólo circunstancia. Circunstancia descalza y malva. Fruta caída de la morera.
“¿Yo y mi circunstancia? Ay, hijo, eso tú. Yo no”, me dice ella con cara de circunstancias. Y ahí queda eso.
O sea que igual el yo es un lujo del confort, profesor. Como unos zapatos de Moschino para calzarse los pies.