Cuento de terror: Un nombre escrito en la pared (Parte 2ª)

cuchillo

(Esta es la segunda parte del cuento que comenzó aquí.)

“Mátalo”, insitió la voz.
Arturo se repitió a sí mismo que aquello no podía estar sucediendo. Desenchufó la radio dando un brusco tirón al cable y salió del salón a toda prisa. Pero lo que se encontró al otro lado de la puerta confirmó que aquello sí estaba sucediendo. Todas las paredes, absolutamente todas, mostraban el nombre de Samuel Salgado en enormes letras rojas. La casa había perdido aquel vacío solemne y blanquísimo y ahora parecía un cuerpo cuajado de llagas.

Aquella noche, Arturo tuvo que dormir con el nombre de Samuel Salgado goteando sobre el cabecero de su cama, y apenas pudo conciliar el sueño. La imagen adusta del abogado Landesa parecía intoxicar sus sueños como un veneno. A la mañana siguiente salió temprano de casa y se dirigió a una tienda de decoración.
“Quiero pintura blanca”, dijo al dependiente.
“¿Cuántos litros?”
“No lo sé. Muchos.”

Comenzando por el salón, Arturo se dispuso a pintar todas las paredes de la casa. Sus brochazos, crispados y nerviosos, fueron sepultando el insistente nombre de Samuel Salgado bajo una capa de pintura nívea y brillante.
Cuando por fin acabó de blanquear la última habitación estaba exhausto. Estaba cubierto de sudor mezclado con salpicaduras de pintura, así que se fue al baño para lavarse. Se agachó sobre el lavabo para enjuagarse el rostro, y cuando se incorporó de nuevo y se miró en el espejo, le vio. El abogado Tomás Landesa estaba allí, reflejado justo detrás de él, mirándole con severidad. Arturo sintió que el corazón se le atravesaba en la garganta. Muy despacio, como si temiera lo que estaba a punto de suceder, salió del baño y echó un vistazo al pasillo.

“No, por favor”, murmuró al ver que el nombre de Samuel Salgado había vuelto a aparecer escrito en rojo sobre la pintura blanca.

Las siguientes jornadas fueron un calvario para Arturo. De nada servía pintar los muros o incluso cubrirlos con papel o con telones. El nombre de Salgado volvía a brotar y sus letras goteaban como heridas abiertas tiñendo la casa de encarnado. Pero eso no era lo peor. No. Lo peor era que cada vez que Arturo se ponía frente a un espejo, un azulejo o un cristal, su reflejo aparecía acompañado por la imagen fantasmal de Landesa, siempre junto a él, mirándole fijamente con el ceño fruncido.

Después de dos semanas conviviendo con aquel horror, Arturo ya no pudo más y decidió ponerle fin. Se sentó en el sofá del salón, aquel sofá que ahora era como una isla en medio de un océano ulceroso, y enchufó el receptor de radio. Tras unos segundos de ásperas interferencias, lo escuchó.
“Mátalo”, murmuró la voz del abogado.
“Si lo mato”, susurró Arturo, “¿te irás?”
“Para siempre.”
Arturo tragó saliva.
“Será un asesinato”, balbuceó.
“No. Será justicia.”

#

No tardó mucho en localizar el paradero de Samuel Salgado. Vivía en la calle del Pez número 11, en un edificio de una sola planta. Sin vecinos.

Cuando cayó la noche, Arturo ocultó su rostro bajo una gorra, se puso unos guantes y, con un temor reverencial, metió un cuchillo en el bolsillo. Cuando se plantó ante el portal del número 11 de la Calle Pez vio ante sí un buzón con el nombre de Samuel Salgado. Al leerlo en letras de molde, tan terriblemente limpias, sintió que le sobrevenía una arcada. Sabía que lo que iba a hacer era un crimen injustificable, por mucho que el fantasma de Landesa lo viese como una ejecución. Pero también sabía que no se libraría del espectro hasta que no cumpliese su deseo.

El portal estaba entornado. Arturo franqueó la puerta y subió las escaleras muy despacio. Las piernas le temblaban y a punto estuvo de venirse abajo pero se recompuso y siguió adelante. Al llegar a la puerta del piso tomó aire y llamó con los nudillos. Tras los segundos más largos de su vida, la puerta se abrió y Arturo vio bajo el dintel a un hombrecillo grueso y bajito con los ojos saltones.
“¿Sí?”
“¿Eres…?”, a Arturo se le atragantaban las palabras. “¿Eres Samuel Salgado?”
“Sí”, respondió el otro con gesto extrañado.
“Vengo de parte de Tomás Landesa.”
El hombrecillo se quedó petrificado.

“¿Landesa? Por Dios… Esta pesadilla no se acabará nunca.”

Arturo sacó el puñal del bolsillo y con un movimiento rápido, casi histérico, se lo clavó en el cuello.

(Continuará… en una tercera y última parte)

13 comentarios para “Cuento de terror: Un nombre escrito en la pared (Parte 2ª)”

  1. Las Ruvis Dice:

    los muertos siempre dizen la berdad?

  2. Grampus Dice:

    Pues es una buena pregunta, Ruvis.

  3. e-catarsis Dice:

    …esto no puede acabar bien…nada bien…
    ¡uf!

  4. IAGO Dice:

    Ah! qué cabrón!! Yo pensé que acababa hoy!

    No nos tendrás todo el finde viendo ese nombre escrito en sangre en las paredes de nuestros epitelios cerebrales? “Samuel Salgado” “Samuel Salgado”… vamos, no se si ir yo a Pez, 11 y matarlo yo mismo!! jajaja

    Bezos sangrientos

  5. tamaruca Dice:

    ¿Se lo tuvo que clavar precisamente en el cuello? ¡Aiggh!

    Estoy con las Ruvis… Landesa no me da muy buena impresión, no sé si es por esta manía de desangrarse o qué…

    ¡Besitos!

  6. Víbora Dice:

    ¿Dónde sucede la historia? Porque un abogado que incita a aplicar la pena de muerte sí que da miedo.

    Por cierto, Arturo los tiene bien puestos porque la sangre gotea sobre su cabecero y ¿apenas puede dormir? yo pongo pies en polvorosa (es un decir lo de los pies) y no me vuelvo a acercar a menos de 10 km de la casa. Y el tio aguanta 2 semanas así.

    Por cierto, como no lo termines mañana me apareceré en tus sueños siseando: “acába con él” (el cuento, claro).

  7. manpares Dice:

    ¿Por que los abogados siempre te piden favores y, sin embargo, te cobran cuando les pides consejo?
    Esa es la pesadilla que nunca nunca acaba.
    Qué se joda Landesa!

  8. adriana y diomara Dice:

    nos parese impresionante y misteriosa

  9. a travel guide turkey Dice:

    a travel guide turkey

    Cuento de terror: Un nombre escrito en la pared (Parte 2ª) ” El alambre …

  10. Leo Dice:

    kjlfshljkgfklhb,cksffsdhl<kflhgggggka<vbj dkag<df<hd

  11. isaacdominguez Dice:

    wow me encanto estoy haciendo una adaptacion a guion radiofonico para un trabajo en la escuela (Y)… ojal y proto este el final

  12. fernando Dice:

    esta padre la historia un nombre escrito en la pared muy buen escritor

  13. paola Dice:

    esta muy mamon y ni se cree nada escriban otra cosa por favor

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