Cuento de terror: Una noche llena de sorpresas (Parte 5ª)

Enero 31, 2007

Esta es la quinta parte del cuento por entregas. Las anteriores las podéis encontrar aquí:
Una noche llena de sorpresas (Parte 1ª)
Una noche llena de sorpresas (Parte 2ª)
Una noche llena de sorpresas (Parte 3ª)

Una noche llena de sorpresas (Parte 4ª)

hombre_ardiendo

Los neumáticos chirriaron como un grito en mitad de la noche. Al girar la curva, el conductor del coche se había encontrado con un individuo en mitad de la calzada. No tuvo tiempo de reaccionar, y cuando pisó el freno ya era demasiado tarde. El estruendo de las ruedas contra el asfalto dio paso a un ruido seco cuando el hombre de pelo largo se empotró contra el parabrisas y salió despedido de nuevo contra la carretera.

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Cuando despertó estaba a punto de amanecer. Al abrir los ojos vio el rostro de un médico que le miraba con expresión de asombro. Estaba en un hospital.

“¿Me oye?”, dijo el doctor.
“Sí, le oigo”, respondió el hombre de pelo largo.
“¿Sabe lo que le ha pasado?”
“Me han atropellado.” No sentía dolor y supuso que lo habían sedado. “¿Estoy bien?”
“Sí, la verdad es que está bien, y eso es lo que no acabo de comprender. Verá, la cuestión es que… le hemos hecho algunas pruebas de rutina y… Hemos obtenido unos resultados inexplicables.”
“¿A qué se refiere?”
“Bueno… Usted está ahí, hablando conmigo después de un accidente realmente grave, pero no tiene usted ni un sólo hueso roto. Y, peor aún, su corazón, señor… su corazón no late.”
“¿Qué?”

En aquel momento, las primeras luces del día comenzaban a filtrarse perezosamente a través de los visillos. El hombre de pelo largo se volvió hacia la ventana y sintió una punzada de miedo. De pánico, más bien. Aunque no había nada en aquella habitación de hospital que pudiera hacerle daño. Al menos en apariencia.

El sol despuntó y los tenues rayos de luz se convirtieron en un resplandor que desbordó los visillos e iluminó la habitación. Ni el doctor ni su extraño paciente estaban preparados para lo que iba a ocurrir. Cuando la luz se reflejó sobre el hombre del pelo largo, su cuerpo reaccionó como si le estuvieran derramando aceite hirviendo. Le quemaba. Le abrasaba, haciendo que su piel se prendiese en llamas.

“¡Ayúdeme!”
El médico corrió en busca de auxilio y en pocos segundos llegaron varias enfermeras y personal de seguridad. Pero nadie pudo hacer nada. Tuvieron que quedarse allí, viendo cómo aquel hombre ardía bajo la luz del sol y quedaba reducido a cenizas.

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Aquella misma noche, cuando el sol se puso de nuevo, se oyeron ruidos en el bosque. Provenían del interior de un zulo bien oculto tras un saliente de roca. En su interior, el hombre pelirrojo se movía bajo la pila de piedras que le habían sepultado. Tardó en lograrlo, pero al fin consiguió abrirse camino entre los escombros y pudo sacar los brazos, después la cabeza, y por fin el resto del cuerpo.
‘¿Cómo es posible?’, se dijo a sí mismo mientras trepaba hasta la boca del zulo. ‘¿Cómo es posible que no haya muerto? Ellos no me mordieron. Nos dejaron intactos a los dos.’

Salió del agujero como un buceador que emerge a la superficie en medio de una tormenta.
“Hola”, dijo una voz detrás de él. Una voz que el pelirrojo conocía perfectamente. “Tómate el tiempo que necesites para recuperar el resuello. Lo vas a necesitar.”

(Continúa aquí)


Una silla eléctrica en Atmore, Alabama

Enero 31, 2007

silla

Los dos funcionarios de la prisión estatal de Atmore, Alabama, conocían a Jacob Fisher muy bien. Era un dead man walking, un muerto que anda, que es como llaman a los que esperan en el corredor de la muerte. Los funcionarios habían habían hablado con Fisher muchas veces, e incluso habían jugado juntos al póker a través de las rejas.
“No pareces un asesino, Jacob.”
“Pues lo soy. Maté a Anderson de tres tiros. Bum, bum, bum. Los tres en el pecho. Soy un hijo de puta.”

Jacob Fisher era bajito, muy grueso, con la cabeza rapada al cero y unos ojos estrechos como filos, tan estrechos que apenas dejaba ver su color. Seguramente no tenían ningún color. Jacob era un asesino, de eso no cabía duda, pero desde que había ingresado en prisión no le había hecho daño a nadie. Se limitaba a aguardar la fecha de la ejecución.
“La verdad es que me lo merezco”, decía a veces. “Merezco que me maten. Soy un malnacido, y Dios sabe que siento mucho haber matado a ese hombre. Pero como sentirlo no sirve de nada, pues que me maten.”

Cuando lo sentaron en la silla eléctrica, los dos funcionarios de prisiones tuvieron que quedarse allí y asistir a la ejecución para cerciorarse de que todo iba bien. No fue un espectáculo agradable. Se supone que el dolor dura unos segundos; lo que tarda la corriente eléctrica en romper la piel del reo y atravesar su cuerpo, pero con Jacob no fue así. Sufrió. Estuvo convulsionándose un par de minutos y después se apagó poco a poco, como una vela.
“Que se joda”, dijo uno de los espectadores de la ejecución. “Un cabrón menos.”

Cuando acabó la ejecución, los dos funcionarios de prisiones desataran las correas que sujetaban el cuerpo de Fisher, ya cádaver.

“Pobre Jacob”, dijo uno. “Qué pena.”
“Sí, qué pena”, apostilló el otro. “Qué pena de muerte”.

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La viuda de Bobby Anderson no acudió a la ejecución, pero un periodista fue a entrevistarla a su casa pocas horas después de que el asesino de su marido hubiera muerto electrocutado en la prisión de Atmore.
“¿Por qué no quiso usted ir a ver la muerte de Fisher?”
“Porque los muertos no me gustan”, respondió la viuda con un tono de voz acerado.
“Pero ¿cree usted que se ha hecho justicia?”
“¿Justicia? Todo lo contrario, señor mío. Hasta ahora, el asesinato de mi marido pesaba sobre la conciencia de Jacob Fisher. Pero ahora que Fisher está muerto, Bobby se ha quedado sin nadie que cargue con su muerte, ¿entiende? Como si hubiera muerto de viejo. O de alguna enfermedad.” La viuda de Anderson se encendió de rabia. “¿Justicia? Si quiere justicia, anote esto para su artículo: Bobby murió asesinado. ¡Asesinado! Y ninguna silla eléctrica de Atmore, Alabama, podrá cambiar eso… No señor… Me niego.”


Las frases más odiadas

Enero 30, 2007

blaMientras completamos la lista de películas más odiadas, vamos a preparar otra lista más práctica y más útil para la vida cotidiana de los lectores, a ver si así este blog presta algún servicio social. Propongo encontrar las frases o expresiones más odiables que se suelan oír, a ver si alguno se da por aludido y depone su actitud.

Me refiero a esas frases que cuando alguien las dice os entran ganas de tener un bate de béisbol a mano.

Pongo algúnos ejemplos de frases que odio:
“A mi es que la política no me interesa; vamos, que soy apolítico.”
“Juro y perjuro que…” (Por dios, ¿no se dan cuenta de que NO son sinónimos?)


Ítaca o el océano

Enero 30, 2007

océano

Ella le abrazó
-fue un abrazo de cuarto menguante-
y, entre sus brazos,
el habitante Ulises
le dijo al oído:

“si tú quisieras,
podrías ser Ítaca”.

Y ella respondió:
“Yo no quiero
ser
Ítaca.

Se me da demasiado bien
ser
océano”.


Cuento de terror: Una noche llena de sorpresas (Parte 4ª)

Enero 29, 2007

Esta es la cuarta parte del cuento por entregas. Las anteriores las podéis encontrar aquí:
Una noche llena de sorpresas (Parte 1ª)
Una noche llena de sorpresas (Parte 2ª)
Una noche llena de sorpresas (Parte 3ª)

luna

“No lo entiendo”, dijo el pelirrojo.
“La trampilla no puede subir”, explicó su compañero, “pero sí puede bajar. Uno de nosotros puede moverla hasta el borde y entonces se derrumbará bajo el peso de las piedras. ¿Entiendes? Se derrumbará… dentro del zulo.” El hombre del pelo largo hizo una pausa para buscar las palabras adecuadas. “El que mueva la trampilla no tendrá tiempo de apartarse y todas esas piedras se le caerán encima. Pero el otro podrá salir.”

Decidieron jugárselo a suertes. Pares o nones. Así de sencillo. Si salían pares, el hombre de pelo largo moriría. Si salían nones, moriría el pelirrojo.

“Una, dos… ahora.”
La luz de las linternas iluminó sus manos, que sumaban tres dedos extendidos. Nones.

Se hizo un siléncio húmedo en el vientre del zulo.
“Lo siento”, dijo el ganador.
El pelirrojo no pudo mantener la serenidad. Se dejó caer en cuclillas en medio del zulo y hundió el rostro entre las manos. Suplicó. Suplicó a su compañero que buscaran otra forma de escapar. Pero no la había. Tenía que asumir su suerte, o más bien su mala suerte. Ese era el trato.
Casi sin fuerzas y atenazado de pánico, el pelirrojo se puso en pie como pudo y, temblando, se situó debajo de la trampilla.
“Vamos”, dijo el hombre de pelo largo, y se arrimó a la pared del zulo para alejarse lo más posible de la lucerna y evitar así que alguna piedra pudiera alcanzarle cuando el techo se derrumbara. “Todo acabará enseguida.”
El pelirrojo asintió y puso sus manos bajo la trampilla. Cerró los ojos y apretó los dientes, sintiendo de nuevo aquel sabor metálico en la boca. Y lentamente deslizó la tabla hasta que, por fin, uno de los extremos se quedó sin apoyo y cedió bajo el peso de las piedras.
Trató de apartarse del derrumbamiento, pero fue inútil. Al instante, un alud de piedra se precipitó sobre su cuerpo y lo sepultó por completo. Su compañero apartó la vista para no ver aquella lapidación brutal.

No hubo gritos. Todo había sido demasiado rápido. Mejor.

El hombre de pelo largo esperó a que la nube de polvo que había invadido el agujero se disipara. Y por fin distinguió la luz de la luna entrando por el hueco de la trampilla. Ya tenía su salida. Se encaramó con dificultad sobre los escombros que aplastaban a su compañero y, trepando por las piedras, alcanzó la superficie.
Ni siquiera miró atrás. Echó a correr entre los árboles sin pensar en nada más que en alejarse de aquella pesadilla. Estuvo corriendo tal vez una hora hasta que llegó al límite del bosque, que acababa de manera abrupta en una carretera comarcal. El hombre de pelo largo se detuvo entonces a recuperar el aliento.

Pero apenas había tomado un par de bocanadas de aire cuando un fogonazo de luz surgió de la nada y le deslumbró dejándole momentáneamente ciego.

Y después, aquel sonido espantoso.

(Continúa aquí)


Jim Carrey canta “Soy la morsa”, de Los Beatles

Enero 29, 2007

No me he podido resistir a compartir este hallazgo. Se trata de Jim Carrey en los estudios Abbey Road grabando “I Am the Walrus” (Soy la Morsa), una obra maestra de los Beatles y que, en mi opinión, forma parte de la insuperable trilogía íntima que compuso Lennon junto a A Day in the Life y Strawberry Fields Forever.

Si John cantaba esta canción con una estremecedora mezcla de rabia, ironía y tristeza, Carrey apuesta por el histrionismo más pasado de rosca y se entrega a hacer piruetas vocales. Conste que a la canción le va bien ese estilo enloquecido, porque su letra, mil veces interpretada a pesar de que John dijo que no significaba nada, es una ametralladora de imágenes entre el surrealismo y el nonsense. Incluso algunas de las palabras que se dicen en ella no existen; son invenciones de Lennon.

Lo dicho. Jim Carrey canta “I am the Walrus” y, ojo, el tipo al que vemos dirigir a Carrey en la grabación es George Martin, el productor de los Beatles.


El cuento escondido: misterio resuelto

Enero 28, 2007

palabras

Bueno, aquí va la solución al Cuento escondido. La verdad es que la cosa era muy sencilla, pero me temo que algunos esperabais algo muy retorcido y os complicasteis la vida. Ya dije que en este blog se cuentan cuentos, así que lo que había que hacer era… contar. Así de fácil. Contar palabras. Empezando desde el comiendo del cuento, la palabra número 11 era “escribe”, y así había que seguir la secuencia de números hasta obtener la frase “escribe la palabra terror a mi dirección y verás un fantasma”.

Los que me escribieron con la solución fueron estos ocho, y por este orden de llegada:
El Víbora
Arvydas
Fran
Tamaruca
Iago
Txiqui

Josmachine
Al

Gracias por participar (me sorprende comprobar que ha sido el post más visto del mes) y espero que os hayáis divertido.

Por cierto… tal vez el ganador ya haya visto un fantasma sin él saberlo. No es un aviso. Es una pista.


Las películas más odiadas

Enero 28, 2007

vomitivoBueno, ya podemos ir haciendo un primer recuento en nuestra lista de películas odiadas. Las que más habéis/hemos citado y, por tanto, las más denostadas son:

Titanic
Torrente (varias partes)
Inteligencia Artificial
Dr. Dolitle
Crash
El guardaespaldas
Giro al infierno
Ocean’s Twelve

La polémica ha sido:
Zoolander (unos la odian y a otros les encanta)

Y también han aparecido cosas (aunque con sólo una mención) tan sorprendentes como:
Salvar al soldado Ryan
Muerte en Venecia
Carretera Perdida
Gangs of New York
El señor de los anillos
Kill Bill
Mulholland Drive

Yo creo que faltan muchas. Sigo nominando “Una mente maravillosa”, “Campo de batalla: la tierra” y “Howard: un nuevo héroe”. Y propongo añadir a la lista “La pasión de Cristo”, que ha sido citada alguna vez.

¿Estáis de acuerdo con las más odiadas? ¿Alguna más que deba engrosar la lista?


La bella y graciosa moza

Enero 27, 2007

Hace unos días, las Rubias se vieron afectadas de lo que ellas mismas llaman “grampusitis” (gracias por hacer de mi una enfermedad, chicas) y contaran en su blog un brevísimo y genial cuento. Pero sin ellas saberlo, ese cuento, que era más bien un gag, ya había sido contado antes por un grupo de cómicos y músicos argentinos.

Señoras y señores, aquí están los fabulosos Les Luthiers y su pieza “La bella y graciosa moza”, que a su inicio contiene el gag que acabó misteriosamente en la mente de las Rubias, tal vez, como ellas explican, por el procedimiento de posesión intelectual.

Que disfruten de las risas.


Cuento de terror: Una noche llena de sorpresas (Parte 3ª)

Enero 26, 2007

Esta es la tercera parte del cuento por entregas. Las anteriores las podéis encontrar aquí:
Una noche llena de sorpresas (Parte 1ª)
Una noche llena de sorpresas (Parte 2ª)

encerrado

“¿Qué coño es esto?”

“Os dije que os habíais equivocado de personas”, dijo el flaco. Y avanzó hacia su hijo sin importarle que, detrás de él, el hombre de pelo largo le estuviera apuntando con un arma. El niño observaba la escena puesto en pie sobre la trampilla del zulo.
“¿Estás bien, campeón?”, le preguntó su padre con voz animosa.

“No, papá. Estoy enfadado.”
“Lo sé, lo sé. Yo también.”

El pelirrojo abría y cerraba los ojos confiando que el niño se esfumase como una mala pesadilla. Pero seguía allí.
“No lo entiendo”, balbuceó. “Estaba muerto.”
“Sí, desde luego.” El flaco se volvió hacia los dos secuestradores. El hombre de pelo largo le seguía apuntando con su pistola, pero ahora le temblaba en la mano como las hojas de las ramas. “Claro que mi hijo estaba muerto. Estaba muerto desde mucho antes de que le dispararais.”
“No puede ser… No entiendo…”
El flaco sonrió. Pero no fue una sonrisa normal. Detrás de sus labios asomaron unos largos y afilados colmillos.
“Es fácil de entender”, susurró. “Lo que pasa aquí es que… habéis sido capturados”.”

El hombre de pelo largo logró disparar una vez y la bala se perdió en la arboleda. Aunque hubiera acertado no habría servido de nada.

El flaco y su hijo saltaron sobre sus presas como dos fieras.

#

Cuando el hombre de pelo largo y el pelirrojo despertaron, estaban en el interior de su propio zulo. Encendieron sus linternas y echaron un vistazo a su alrededor temiendo que los vampiros aún pudieran estar allí. Pero no había rastro de ellos. El zulo era un agujero angosto de apenas dos metros de diámetro, y a la luz de las linternas se parecía mucho al interior de una tumba. El aire olía a tierra húmeda y era difícil de respirar.
“Estamos jodidos”, dijo el pelirrojo. “Pero bien jodidos.”
“Mantengamos la calma. Lo primero es saber si nos han mordido.”

Se examinaron el cuello el uno al otro y comprobaron que estaban intactos. Ni una sola mordedura. No recordaban muy bien lo que había pasado después del ataque, pero se sentían como si les hubieran dado una paliza, débiles y extenuados. Los dos tenían un sabor dulzón y metálico en la boca.

“Bueno, al menos no nos han matado”, dijo el pelirrojo con cierta sensación de alivio. Pero la sensación no duró mucho. Decidido a salir del zulo, intentó empujar la trampilla que tapaba el techo, pero se dio cuenta de que la habían cubierto de piedras desde el exterior. Era imposible levantarla. “Mierda… Ese cabrón nos ha encerrado y nos vamos a pudrir aquí, joder…”
“Cállate”, dijo su compañero. “Déjame pensar.”

El hombre del pelo largo se colocó bajo la trampilla y trató de moverla. Eran sólo tablones de madera que no estaban fijados por ninguna bisagra, así que su único cierre era el peso que tenían encima. No podrían levantarla, eso estaba claro. Pero la trampilla tenía prácticamente el mismo ancho que el agujero que cubría. Así que el hombre del pelo largo pensó que había una opción. Una que no iba a ser precisamente fácil.
Se giró hacia su compañero.

“La buena noticia es que hay una forma de salir de aquí”, musitó al fin.
“¿Salir de aquí? ¿Cómo?”
El hombre de pelo largo no contestó y el pelirrojo se dio cuenta de que se había equivocado de pregunta.
“Vale. Dime, ¿cuál es la mala noticia?”

“Que sólo podrá salir uno de nosotros.”

(Continúa aquí)


La viuda López

Enero 26, 2007

viuda

La viuda López había perdido a su marido Adolfo veinte años atrás, y desde entonces le había recordado cada día. Releía correspondencia antigua que habían intercambiado siendo novios, revisaba viejos álbumes de fotos, aquellas fotos de sus viajes, y pasaba largas tardes con sus nietos hablándoles de su abuelo fallecido, al que ellos no habían llegado a conocer.

No pasó un sólo día sin que la viuda López recordara a Adolfo. Al principio lo recordaba todo, lo bueno y lo malo, pero con el paso del tiempo los malos recuerdos se enjugaron en el olvido y sólo sobrevivieron los buenos, los mejores recuerdos, destilados cuidadosamente en la memoria de la viuda López.

Y así, veinte años después de su muerte, Adolfo se había convertido en un trailer de Adolfo, en una selección de sus mejores momentos.

Un día de Todos los Santos la viuda López fue al cementerio y se plantó ante la tumba del difunto.

“¿Sabes, cariño? A nadie, ni siquiera a ti, he querido tanto como a tu recuerdo. A nadie. Ni siquiera a ti.”


Cuento de terror: Una noche llena de sorpresas (Parte 2ª)

Enero 25, 2007

Esta es la segunda parte del cuento por entregas. La anterior la podéis encontrar aquí:
Una noche llena de sorpresas (Parte 1ª)

bosque_oscuro

El pelirrojo se quedó mirando el cuerpo sin vida del niño como si estuviera hipnotizado.
“Joder, ¿cómo se te ocurre matarlo, tío? ¿Estás…?”
“¡Cállate!”, le interrumpió el hombre del pelo largo. Y a continuación, muy despacio, corrigió la posición de su pistola y volvió a apuntar al rostro del hombre flaco. No se había movido. Miraba de reojo a su hijo tendido en la calle y su única reacción fue un ligero temblor en los labios.
Los ojos negros, negrísimos, del flaco se clavaron en los del asesino, que le sostuvo la mirada sin dejar de encañonarle y guardó silencio unos segundos. Quería que el hombre flaco tuviera tiempo para digerir lo que acababa de suceder. Había abatido a su hijo de un disparo ante sus narices. Iba muy en serio. Ese era el mensaje.

“El mocoso ya no se va a subir a ese coche”, dijo al fin el hombre de pelo largo, “pero tú sí. Porque si no lo haces te dejo seco a ti también y después me voy a tu casa y me cargo a tu mujer y a los hermanos del crío.”
El flaco apretó las mandíbulas.
“No tiene hermanos”, murmuró.
“A tomar por culo. ¡Sube al coche!”, bramó el asesino. Y subrayó su orden amartillando el arma de nuevo amenazadoramente. “Por si no te has enterado, esto es un secuestro.”
El flaco asintió, se volvió hacia el vehículo aparcado junto a la acera y se subió a él.

#

Conducía el pelirrojo. Las manos le sudaban y le resbalaban sobre el volante. Temblaba. Todavía no se había recuperado del impacto de ver cómo su compañero disparaba sobre aquel niño, y empezó a pensar que tal vez aquello de les hubiera ido de las manos. No podía salir bien.

Ni los secuestradores ni el secuestrado intercambiaron una sola palabra. El pelirrojo dirigió el coche hacia las afueras de la ciudad y tomó varios desvíos comarcales. 45 minutos después llegaban a un estrecho camino de tierra que conducía al interior de un bosque.

“¡Abajo!”, dijo el hombre de pelo largo.
El flaco obedeció y miró a su alrededor. Era una arboleda sin casas a la vista, el lugar perfecto para esconderle durante meses si hiciera falta.
“¡Andando!”
El hombre del pelo largo le dio un empujón y el flaco echó a andar entre los árboles segudio por los secuestradores. Llevaban linternas, pero el bosque se tragaba la luz con voracidad y apenas veían por dónde pisaban.

Oyeron un batir de alas entre las ramas, seguramente un búho en plena cacería. Por lo demás, el bosque estaba sumido en un silencio perfecto, y el pelirrojo pensó que, más que un bosque, aquello parecía una emboscada. Le daba malas sensaciones. Muy malas.
“Supongo que nos dirigimos a un zulo”, dijo el flaco mientras se abría paso entre la maleza.
“Supones bien”, respondió el hombre de pelo largo.
“¿Y después qué?”
“Pediremos dinero por tu rescate.”
“Os he visto las caras. He visto cómo disparabais a mi hijo. No creo que me vayáis a dejar en libertad aunque os paguen.”
“Ya pensaremos en eso después. Métete por ahí”, ordenó el hombre del pelo largo señalando un terraplén con la linterna, “por detrás de ese saliente de roca.”

El flaco iba delante, así que fue el primero en salvar el saliente. Cuando, dos pasos por detrás, lo hicieron el hombre de pelo largo y su compañero pelirrojo, se quedaron estupefactos. Allí, a la luz de las linternas, vieron algo imposible. Algo simplemente inconcebible.

Sobre la trampilla que marcaba la entrada al zulo estaba el hijo del flaco, de pie, mirándoles con la cabeza ligeramente ladeada y expresión furiosa. Aún tenía el agujero del balazo en la frente.

El padre del niño no se sorprendió en absoluto.

(Continúa aquí)


Contra la autoría única en el cine: desmontando el cine de autor

Enero 25, 2007

Una vez me preguntaron si un director tenía que saber escribir. Respondí que no, pero que era conveniente que supiera leer“. Billy Wilder

Diamond y Wilder

1) La idea del cine de autor es una idiotez inventada en los 60 por los franceses de la revista cinematográfica Cahiers du Cinema y que se ha dispersado como una leyenda urbana o como una enfermedad contagiosa.

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2) El director NO es el autor de la película, y debería desaparecer ese crédito tan extendido que dice “una película de…” seguido del nombre del realizador. En una película trabajan decenas, cientos de personas que hacen aportaciones creativas, y es inconcebible considerarla obra de una sola de esas personas.

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3) Debe reclamarse la importancia capital en la autoría de un filme, entre otros, de los montadores, directores artísticos y directores de fotografía (que en ocasiones son los realizadores de facto de la película, aunque esto no se diga mucho).

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4) El elemento crucial de una película es el guión. Utilizando un símil, si una película fuera una sinfonía, el guión sería la partitura que hay que ejecutar. Herbert Von Karajan es un grandioso director de orquesta, tal vez el mejor, pero la Sinfonía Júpiter sigue siendo obra de Mozart.

Si antes de empezar a rodar cambiamos de guión, cambiamos de película. Sin embargo, si cambiamos de director, seguimos teniendo la misma película aunque con ciertas variaciones en el resultado.

Quede claro que, aunque el guión es el elemento clave, la película tampoco es del guionista, pues el guión, sin una cámara, sólo es un texto escrito. Un director debe rodarlo, un fotógrafo iluminarlo, un editor montarlo, etc.

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5) Numerosos directores con un sentido narrativo catastrófico se obstinan en meter sus peñuzas en el guión (amparados por el productor) para poder justificar su estatus de “auteur”. Desde aquí se ruega que depongan su actitud por el bien del cine.


Apache

Enero 25, 2007

apache

No echo de menos lo que fue,
sino lo que pudo haber sido.

Igual que un apache
encerrado
en la reserva india.


Cuento de terror: Una noche llena de sorpresas (Parte 1ª)

Enero 24, 2007

(Este es el comienzo de un cuento por entregas, como los viejos seriales de misterio. Ahí va:)

calle

Era media noche, y las farolas iluminaba las calles con una luz enfermiza de pabellón de reposo. En la oscuridad sonaban los pasos tranquilos del hombre flaco, casi escuálido, que caminaba hacia su casa junto a su hijo. El niño, de unos siete años, iba agarrado de la mano de su padre como si llevara una bandera.

Cuando pasaron junto a un edificio abandonado, no vieron cómo dos hombres salían sigilosamente de entre las sombras del portal y se colocaban a su espalda. El hombre flaco sintió el cañón de una pistola en la nuca y se detuvo.

“Súbete al coche”, dijo una voz detrás de él. “Ahí, a tu derecha”.

El flaco miró a su derecha y vio un vehículo aparcado con la puerta trasera abierta. Su hijo seguía sosteniéndole la mano en silencio, y ninguno de los dos se movió. Intercambiaron una breve mirada y el hombre flaco cerró los ojos y asintió para indicarle al niño que se calmara, que él se encargaría de la situación.

“Que te subas al coche”, insitió el hombre que le apuntaba a la nuca. “Y el chaval también.”
El hombre flaco respiró hondo y se volvió hacia sus dos agresores. Uno de ellos, de pelo largo, le apuntaba -ahora al rostro- mientras el otro, pelirrojo y grueso, se mantenía a una distancia prudencial y miraba a su alrededor con aprensión, vigilando que nadie les viera.
“No tenemos dinero”, dijo el hombre flaco. “Dejad que nos vayamos.”
“Sí que tenéis pasta, y si no la tenéis seguro que sabéis dónde pedirla… ¡Sube al coche, coño, o te pego un tiro!”
“Verás”, continuó el flaco sin perder los nervios, “me parece que os estáis equivocando de personas.”

“El que se va a equivocar, y mucho, eres tú”, rugió el hombre del pelo largo, “si no subes al puto coche con el mocoso YA.”
El flaco negó con la cabeza.
“Tenemos que irnos a casa”, dijo.
“Pero… ¡hay que joderse!”, bramó el pelirrojo unos pasos más allá. “¡Mételos en el coche o pégales un tiro!”
El hombre de pelo largo acercó el arma al rostro del flaco, justo ante sus ojos.

“Ya has oído las dos opciones”, le susurró con voz afilada. “O el coche o un balazo. ¿Qué dices?”
“Que no vamos a subir a ese coche.”

El hombre del pelo largo no siguió discutiendo. Bajó el cañón de su arma, apuntó a la cabeza del niño y disparó. Sin más. La bala le atrevesó la cabeza de parte a parte y el chico se desplomó como un títere sin hilos.

(Continúa aquí)


Los muertos favoritos

Enero 24, 2007

tumbas

Mientras encontramos el cuento escondido (pronto saldrá a la luz) y seguimos elaborando la lista de películas más odiables que se nos ocurren (reuniré las más citadas y las más raras en un post) he pensado en hacer otra actividad colectiva: un panteón de nuestros fantasmas favoritos.

Y es que los fantasmas han protagonizado algunos de los relatos que habéis leído aquí, generalmente de terror, pero lo cierto es que no siempre tienen que causar espanto o miedo. De hecho, encontrarse con un espectro puede resultar muy enriquecedor. Pensadlo bien.

¿Hay algún fantasma al que os gustaría conocer para charlar con él? ¿Algún muerto con el que os gustaría pasar una tarde (o una noche)?

A mi, por ejemplo, me encantaría tener una conversación con el fantasma de Edgar Allan Poe, o el de Stanley Kubrick, o el de Isaac Newton, o el de Oscar Wilde.

¿Y vosotros? ¿Con qué fantasma os gustaría hablar… y sobre qué?


Lo que ha querido siempre

Enero 23, 2007

cicatriz

Ella pide besos
como mirlos,
pero lo que en realidad ha querido siempre
es un manicomio por teléfono

y dejar cicatrices.


Resuelve el misterio: Un cuento escondido

Enero 23, 2007

enigma

Esto es un truco. Un acertijo perpetrado por quien esto escribe. ¿Estás listo? Vamos allá.

Tienes que estar muy atento. Verás, voy a contarte algo sin que sepas que te lo estoy contando, y el protagonista estás siendo tú, ahora mismo, mientras lees mi texto. Así que sigue cada palabra como un explorador. No es un cuento como los que has leído antes aquí. No empieza y termina siguiendo la dirección habitual, de comienzo a fin y abocado a un argumento, sino que es una puerta que tienes que abrir para llegar a otro cuento que está aquí mismo, aquí debajo, invisible como un fantasma. Y aunque no causa terror en una primera lectura, tal vez la resolución sí te produzca un escalofrío. Si es que lo resuelves, naturalmente.

Bueno, ¿estás preparado? Aquí está la clave:

 

11- 135 – 50 – 110 – 93 – 44 – 71 – 34 – 21 – 122 – 105

Lee correctamente esos números, porque significan algo más de lo que parece. Y no olvides que aquí todo, o casi todo, es ficción.

Atentamente,

grampusmail@gmail.com

(En los comentarios a esta entrada podéis poner lo que queráis… excepto lo solución).


Cuento de terror: Huellas

Enero 22, 2007

Ella dijo… sé cómo es estar muerta
She said she said” The Beatles

bañera

Mario estaba en el salón, repatingado en un sofá y escuchando música a todo volumen a través de los cascos. Sonaba “She said she said”, de The Beatles. Cuando estaba sonando el estribillo por segunda vez, sintió un tacto frío en la nuca, un tacto frío y húmedo, y una gota de agua resbaló hacia su espalda.

Se volvió. El salón estaba vacío. Miró al techo para ver si le había alguna gotera, pero nada; estaba perfectamente seco. Entonces bajó la mirada de nuevo y las vio. Iban desde la puerta del salón hasta el sofá en el que él estaba sentado. Huellas. Pisadas de unos pies invisibles que dejaban en el suelo huellas rojas, como manchas de sangre.

Mario se levantó como un resorte y corrió. Atravesó el pasillo como una exhalación mientras veía sobre el parqué las mismas huellas húmedas que habían llegado hasta el salón. Por fin ganó la puerta del cuarto de baño. La abrió y el aliento se le atravesó en la garganta.

Un vapor de olor dulzón inundaba el baño. Marta estaba casi hundida en la bañera, con una mano colgando del borde. El agua estaba completamente teñida de rojo, rojo sangre, y la mano colgaba fuera sostieniendo aún el cutter con el que Marta se había abierto las venas.

No hizo falta que lo comprobara. Sabía que estaba muerta. Mario abrió los brazos como si fuera a protestar, a gritar incluso, pero apenas le salió un lamento.

“¿Qué has hecho?”, murmuró. “Joder… Juntos habríamos podido con todo, Marta, con todo. Dijiste que encontrarías una solución para los dos y que todo iría bien.” Negó con la cabeza y se apoyó en la pared del baño dejando que su cuerpo resbalara hasta el suelo, donde se quedó sentado, con las manos apoyadas en las baldosas mientras sus ojos miraban los ojos ausentes de Marta. “¿Esta era tu solución? Dijiste ‘te juro que todo irá bien’, eso dijiste. Y mira lo que has hecho, joder.”

Mario vio entonces que sobre el suelo del baño se formaban, surgiendo de la nada, aquellas huellas de agua y sangre. Iban apareciendo suavemente sobre las baldosas blancas, y los pasos se encaminaron hacia el espejo que colgaba encima del lavabo. Sobre el vaho que cubría el cristal empezaron a formarse letras como si un dedo invisible las dibujara, y las letras hicieron palabras. Decían:

“Te quiero. Y quiero que vengas conmigo. Te juro que todo irá bien.”

Y en aquel preciso instante, el cutter se desprendió de la mano sin vida de Marta y cayó al suelo, resbalando suavemente hasta llegar junto a las manos de Mario. Como un testigo que pasa de un corredor a otro.


Cuento infantil: El sol por el oeste

Enero 22, 2007

pizarra

El profesor paseaba entre los pupitres entregando las calificaciones del último examen. Al llegar a Esteban, un niño de pelo desordenado y la cara siempre sucia, el maestro negó con la cabeza y dejó caer el examen sobre el pupitre con un gesto de decepción. Esteban ni siquiera lo miró. Ya sabía que en el encabezamiento de la hoja de respuestas encontraría un suspenso enmarcado en rotulador rojo.
“Muy mal”, rugió el maestro. “No has dado ni una, Esteban. Ni en geografía, ni en matemáticas, ni en literatura…”
“Ya”, dijo el chico. “Pero yo no pierdo la esperanza”.
“Pues no faltaría más. Jamás hay que perder la esperanza de aprender.”

“No, no”, repuso Esteban. “Se equivoca. De lo que no pierdo la esperanza… es de que un buen día el sol salga por el oeste, que la hipotenusa forme un ángulo recto, los sonetos se escriban en alejandrinos y la capital de Canadá sea Bucarest.”


Praxis sentimental

Enero 22, 2007

love

Ella estaba enamorada de estar enamorada, o, como dicen en las canciones pop, estaba enamorada del amor.

Por eso sus novios no eran novios.

Eran ejemplos.


Un fantasma en el vídeo club

Enero 20, 2007

videoclub

El fantasma entró en el vídeo club y se paseó, invisible, entre los estantes de películas. Veía los títulos y las carátulas recordando algunas películas que había visto y deseando ver otras que le eran desconocidas. Aquello le gustaba.

Pero, sin darse cuenta, se deslizó tras el discreto biombo que daba paso a la sección pornográfica.

Al ver aquellas carátulas, el espectro se sintió como un marine americano en Bagdad. Emboscado. Y tan, tan lejos.

Lejísimos de su cuerpo.


¿Qué películas odias?

Enero 19, 2007

odio

A la gente le encanta hacer listas, y más aún cuando se refieren a películas. Tus 10 películas favoritas, las 3 películas que te llevarías a una isla desierta, las 100 mejores películas de la historia del cine…

Pero, como en este blog se escribe mucho sobre malos sentimientos y recovecos oscuros, propongo hacer una lista con las PEORES películas que hayáis visto nunca. Las películas que más odiéis.

Podéis irlas dejando en los comentarios y decir tantas como queráis. Con esos datos elaboraremos una lista de películas aborrecibles. A ver qué sale.

Yo empiezo con algunas que se me vienen a la cabeza:

Howard, un nuevo héroe.

Campo de batalla: La Tierra.

Speed 2.

Los dioses deben estar locos.

Una mente maravillosa.


Cuento de terror: Exigencias del guión (para Angie)

Enero 19, 2007

(Este cuento es para Ángela, guionista y un montón de cosas más. De parte de un fan.)

guion

Cuando se despertó, lo primero que sintió fue una punzada de dolor en la nuca. El golpe había sido brutal. Estaba aturdido y tenía la visión borrosa.

Intentó incorporarse, pero no pudo. Enseguida se dio cuenta de que estaba atado a una superficie lisa, seguramente una mesa, y tumbado boca arriba. Por un momento pensó que aquello tenía que ser una broma de sus compañeros; una broma macabra. Pero cuando pudo enfocar la vista y giró la cabeza (el cuello era lo único que podía mover), vio un papel apoyado en un pequeño atril que estaba allí dispuesto para que él lo leyese. Decía así:

“Emilio, has matado a demasiado gente y alguien tenía que pararte. Esto es por todos los muertos.”

Dejó de leer y gritó, gritó con todas fuerzas suplicando ayuda.

No obtuvo respuesta, pero continuó gritando. Gritó que él no se llamaba Emilio, que Emilio era el nombre del personaje que él interpretaba en la serie, sólo un personaje, y que los asesinatos que había cometido eran pura ficción. Gritó hasta romperse la garganta en el intento, pero fue inútil.

Sabía que no había forma de que le oyeran. Incluso sabía dónde estaba, aunque no pudiera mirar a su alrededor. Era un lugar completamente tapiado, sin puertas ni ventanas… y enterrado bajo tierra como un sarcófago. Lo sabía porque así era como Emilio mataba a sus víctimas en la serie. Las encerraba en un zulo excavado a varios metros de profundidad, las ataba a una mesa y, antes de sellar el habitáculo…

…llenaba el lugar de ratas que tampoco tenían forma de salir. Ni nada que comer. Los guionistas siempre le habían dicho que aquella era la peor muerte que habían podido imaginar, y por eso Emilio mataba así, para que los espectadores se sintieran espantados. Para que le tuvieran miedo. Para que le odiaran. Eran exigencias del guión.

Cerró los ojos y trató de contener una náusea. Una rata se había encaramado a la mesa y empezaba a pasearse sobre su cuerpo. Sabía que le devorarían poco a poco y también sabía que aquellos bichos solían ir primero a por las partes blandas, como los ojos y los labios.

Aunque en la serie nunca se vio, naturalmente. Los guionistas lo dejaban siempre en off porque podría herir la sensibilidad de los espectadores.


Un año del Club de Ángela

Enero 19, 2007

club

El Club de Ángela cumple un año de existencia, y como soy un fan de ese blog y de su autora, quiero darle la enhorabuena desde aquí y recomendaros que lo visitéis.

Ángela es una guionista que escribe de maravilla y a la que admiro desde hace tiempo. En su blog encontraréis de todo: cine, literatura, bastante música, observaciones sobre la vida cotidiana, algún relato y, sobre todo, risas “a cascoporro”. Si no conocéis El Club de Ángela, os recomiendo que echéis un vistazo a este post si os queréis reir y a este otro si os queréis emocionar. Y estoy seguro que, cuando lo hagáis, no podréis evitar engancharos a sus copas de Yate.

Feliz aniversario, Angie.