Las uvas de la suerte
Diciembre 31, 2006Comenzó a oír las campanadas que anunciaban el año nuevo y, con cada golpe de campana, se fue tomando una de las uvas de la suerte. Una, dos… cinco… siete… once. Cuando se tomó la número doce, su cuerpo se sacudió en un espasmo de alerta. La uva se le había quedado atascada en la garganta. Se echó las manos al cuello y trató de toser para liberar el paso a los pulmones, pero no pudo. Cuando empezó a sentir el hormigueo que causa la falta de oxígeno, pasó de la alarma al pánico y el corazón se le disparó.
No tardó en caer al suelo.
Las campanadas de 2006 habían tocado a muerto, y el 2007 fue el año más corto de su vida.
Y no sólo corto. A decir verdad, el 2007 fue una agonía.
Buscando un año viejo
Diciembre 31, 2006Dieron las doce campanadas en la Puerta del Sol y, al sonar la duodécima, se encendió un neón que anunciaba el año nuevo. Pero se sorprendió al ver que no decía “Feliz 2007”, como era de esperar.
No. Decía Feliz 2008.
Frunció el ceño.
“¿Qué pasa?”, le dijo alguien.
“Joder, que se me ha perdido un año.”
Y se pasó el resto de los años de su vida buscando el 2007 extraviado.
(Los que tengáis la suerte de encontrar el 2007 esta noche, disfrutadlo y exprimidlo bien).
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Escrito por Grampus
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