Cuento de terror (o no) maternofilial

Diciembre 29, 2006

Se levantó, fue a la cocina a prepararse el desayuno y se encontró con su madre, que tomaba un café con bollos sentada a la mesa.
“Mamá, pero ¿tú qué haces aquí?”
“Pues desayuno.”
“Joder… Mamá, que tú no puedes estar aquí.”
“Yo estoy donde me da la gana, no me hables así, que soy tu madre.”
“A ver, mamá, es que esto… Bueno, tengo algo que decirte.”
“Uy, mal empezamos. Cuando tienes algo que decirme, así, en ese tono, siempre son malas noticias, que me matas a disgustos.”
“¿Te lo digo o no?”
“Venga, cuenta. ¿Qué has hecho esta vez?”
“Enterrarte, mamá. Mis hermanos y yo te enterramos ayer en el cementerio de Santo Tomás después de tu sexto infarto, que se te llevó por delante.”
“¡Ay, Dios! ¿Ves? Si es que me matas a disgustos.”


Diálogo sobre el dolor

Diciembre 29, 2006

“Me duele mucho”, se quejaba. “Me duele muchísimo y no se me pasa. Pero ¿cómo no me iba a doler? ¡Si es que a lo largo de mi vida ha habido tanta gente que me ha hecho tanto daño..!”

“Bueno, es lógico”, dije. “El dolor es gratis y por eso todo el mundo lo reparte con generosidad.”


Magdalenas

Diciembre 29, 2006

(De “En busca del tiempo perdido” a “El Código Da Vinci”. Conexiones literarias y tal vez históricas.)

1) Un hecho sobre Marcel Proust.

Proust se comió una magdalena e inauguró una nueva forma de memoria, recordando su infancia de un mordisco para escribir una obra monumental: “En busca del tiempo perdido.”

2) Una hipótesis de Dan Brown y su Código Da Vinci.

Cristo se comió una Magdalena y hubo que olvidarlo durante dos mil años, haciendo desmemoria, para que así la Iglesia tuviese un hijo de Dios como Dios manda.