(Tercera parte de la historia de Grampus y Jota tras “El dolor fantasma y la sintaxis del yo” y “Respirar por la herida“.)
Esta vez fue Jota quien acudió a ver a G. Lo encontró metido en una historia de terror, pero lo sacó de allí con un desenlace inverosímil y se lo llevó a caminar al paseo marítimo.
“Gracias”, me dijo. “Creí que ibas a matarme.”
“No. Tenías que aparecer en esta historia.”
“Vale. Dímelo de una vez.”
“Ya está”, dije. “Le he dicho a ella quién soy.”No se sorprendió. “Ha ido bien”, seguí. “Al menos todo lo bien que podía ir.”
“¿No te mandó a la mierda?”
“No.”
G se paró, se apoyó en la baranda y me miró, dándole la espalda al mar.
“¿Cómo es? Ella, quiero decir.”
“Asombrosa.”
“Lo sabía.”
“No, no, no tienes idea”, dije entusisamsado y cómplice. “Es… es mejor que cualquier cosa que me pudiera inventar. Puedo respirar. Por primera ve en mucho tiempo.”
“Debería decir que me alegro por tu pulmón. Pero si quieres que sea sincero, que te jodan.”
Me di cuenta de que mi complicidad resultaba dolorosa.
“Lo siento, G.”
“No, no lo sientes.” Miró a un lado y a otro y se mordió la lengua como si quisiera callarse a sí mismo, pero no fue capaz y lo preguntó. “¿Ella dijo algo de mi?”
“Que le gustan tus cuentos.”
“Vete a la mierda. Los cuentos son tuyos.”
Reanudó la marcha y le seguí. G parecía a punto de caer hecho pedazos, pero, si me dejaba llevar por la misericordia, caería yo. Tenía que mantenerme firme.”
“¿Puedo pedirte un favor?”, me dijo.
“Si está en mi mano…”
“Cualquier cosa que yo quiera está en tu mano.”
“Sí, tienes razón. ¿Qué quieres?”
“Olvidarla”, espetó. La voz se le empezó a romper, pero se recuperó y siguió. “Un chute de esa droga del olvido de aquel cuento tuyo. Lo que sea. Pero olvidarla.”
“Lo siento, G, pero no puedo hacer eso. Si lo hiciera, ya no serías tú.”
“Métete los pronombres por el culo.”
Silencio. Un silencio cazador.
“Pues al menos haz que no la necesite”, murmuró.
“No puedo.”
“¡Joder!”, gritó. “¿No puedes mostrar un poco de piedad? Algo podrás hacer, ¿no? Méteme en otra historia.”
“Eso es imposible, Grampus. Eres un personaje de ésta. El principal, además.”
“Venga ya. Soy un personaje de mierda. Un fantasma.” Se detuvo y me clavó los ojos. “¿Qué sabe ella de ti?”
“Hemos hablado. Me conoce.”
“¿Estabas disfrazado de algún personaje o eras tú de verdad?”
“Era yo.”
“¿Estás seguro?”
Se me aceleró el corazón.
“Sí, lo estoy”, dije con ánimo de zanjar la conversación.
“Vamos, Jota, que estás hablando conmigo. Dime la verdad y así te la dirás a ti mismo. ¿A cuántos personajes tienes que quitarte de en medio hasta que aparezcas tú?”
“Ya está bien.”
“No, no, contéstame a eso. Detrás de mi y de todos los demás… ¿hay algo?”
“Yo.”
“Pues ¿sabes qué? Te veo muy flaco, Jota. Sin disfraces te veo muy flaco. Muy poca cosa.”
“Ella me conoce”, insistí. “Por eso soy yo. Por ella.”
“Juegos de palabras aparte, si te conoce, ¿por qué escribes esta tercera parte?”
“Para… Para acabar la historia.”
“Estás dicutiendo conmigo otra vez. No parece que la historia se acabe.”
“Puedo borrar las frases que quiera y acabarlo cuando me dé la gana.”
“Pero no lo estás haciendo. De hecho, no paras de teclear.”
El mar rugió y golpeó contra el rompeolas como si quisiera llevárselo por delante de una vez.
“El cuento se está acabando, G.”
“Vale, pues te voy a dar un final”, me dijo. “Aquí va: lo que a ella le gusta de ti… soy yo. Me necesitas para que esto salga bien, y sé que te mueres porque salga bien. Por eso hay tercera parte y habrá una cuarta. Continuará.”
“Ahora”, dije, “voy a decirte cuál es el verdadero final. Jota ya no necesitaba ningún personaje, así que escribió las últimas palabras de la historia.”
En una bocanada de espuma de mar, G se esfumó como una frase borrada y salpicó la baranda.
Jota estaba solo.
Y tenía el abrigo empapado.
(Continuará).

Escrito por Grampus 
Escrito por Grampus 