Recibió una carta que decía:
Tengo el placer de invitarle a la cacería que mañana día 15 celebraré en mi coto privado.
Atentamente
Mr Henderson
Arthur consideró aquella carta como un gesto de buena voluntad por parte de Ichabod Henderson. Ambos habían sido amigos desde la infancia, pero se habían peleado cuando Henderson descubrió que Arthur tenía una aventura con su mujer. Llevaban meses sin hablarse, pero por fin parecía que Ichabod Henderson había decidido perdonarle y recuperar su amistad.
Arthur llegó a la mansión en su Jaguar color burdeos y se detuvo en la alameda que hacía las veces de aparcamiento para visitantes. La casa de Ichabod Henderson era un edificio imponente de finales del siglo XIX, y en sus tierras se extendía uno de los mejores cotos privados de Inglaterra.
Sacó su rifle del maletero, subió las escaleras de entrada y cruzó la puerta que conducía a la vivienda, pero nadie salió a recibirle al hall.
“¡Hola!”
Nadie le espondió.
Arthur pensó que tal vez había equivocado la fecha, así que cogió su móvil y llamó por teléfono a la secretaria de Mr. Henderson.
“Soy Arthur, un viejo amigo de Ichabod”, dijo. “Ayer me llegó una carta suya citándome para una cacería en su coto privado y… bueno, el caso es que estoy aquí, pero no hay nadie.”
“Señor, me temo que Mr. Henderson no podrá acudir a esa cita ni a ninguna otra. Lamento comunicarle que esta misma mañana mató a su esposa de un disparo y a continuación se suicidó. Una tragedia.”
Arthur colgó el teléfono y oyó cómo la puerta de entrada se cerraba de golpe tras él. Se giró y entonces pudo verle en el recibidor.
“Querido Arthur”, dijo Ichabod Henderson. “Como ves, he decidido resolver nuestras diferencias disfrutando de una agradable tarde de caza, como en los viejos tiempos. ¿Recuerdas?” Extendió sus brazos pálidos y fríos. “Empezaremos cuando quieras.”
Arthur echó a correr por el pasillo principal de la mansión, pero era inútil. El fantasma era más rápido que él, y conocía el coto de caza a la perfección.

Escrito por Grampus 
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