Cuento de terror (o no) para huérfanos

Diciembre 12, 2006

Homenaje ínfimo a Charles Dickens

bajo la cama

Sabía que debajo de la cama se escondía algo, por eso cuando llegaba la hora de acostarse se ponía pálida como la cera y tiritaba de miedo. Fuera lo que fuera que había bajo el jergón, le daba escalofríos.

“Eres una tonta”, le dijo la monja del orfanato. Era una mujer fea, espantosamente fea, con la nariz ganchuda y el rostro arrasado por la viruela. “Ahí debajo no hay nada, niña.”
“¿Y por qué no mira usted?”
“¡Insolente!” Y la monja le dio una bofetada que resonó en todo el pabellón. “Acuéstate de una vez.”
“No. Tengo miedo”
Otra bofetada.

Para evitar que la paliza continuase, la niña se metió en la cama de un salto y se escondió bajo las sábanas, rezando para que lo que hubiera allí abajo no decidiera salir y atacarla. Como cada noche, tardó horas en dormirse. No sabía si era su imaginación, pero le parecía oír una respiración susurrante y agitada bajo el colchón.

Una noche, la monja entró en el pabellón de madrugada dando grandes zancadas, como siempre, y vio a la niña despierta en su cama, temblando como una hoja.
“¡Se acabó!”, gritó la monja, y su voz resonó en las paredes del pabellón. Los demás niños se despertaron y observaron la escena parapetados en sus almohadas. “¡Ya eres demasiado mayor para esto, así que mira ahora mismo debajo de la cama!”
“No, por favor”, dijo ella, pero en cuanto acabó la súplica la monja le cruzó la cara. La niña sintió como si le hubieran quemado la mejilla con un hierro al rojo.
“No me iré de aquí hasta que lo hagas”, dijo la monja, y la miró con gesto de desagrado, como si acabara de meterse un limón en la boca. “Y no querrás que me quede toda la noche de pie, ¿verdad?”
Ella dudó.
“¡Ahora!”

La niña apartó las sábanas, se descolgó desde el colchón y, con el corazón a punto de salirle por la boca, miró debajo.

Estaba allí. Pero por alguna razón no le dio miedo.

“¿Quién eres?”, preguntó la niña en voz muy baja.

“Soy tu madre, cariño”, respondió el fantasma en un susurro aún más leve. “Dile a esa malnacida que venga a mirar ella misma.”


¿Qué queréis por Navidad?

Diciembre 12, 2006

Queridos Reyes Magos

Como sabéis que soy pagano y además un poco hijo de puta, no creo que os sorprenda esto: tengo a vuestros tres pajes, que por cierto vaya tres efebos que os gastáis, piratas. Pues bien, si queréis volver a verlos con vida vais a tener que traerme lo que yo diga y sin rechistar.

Lo primero, quiero una ventana para colarme por las noches y el “Love” de Los Beatles, que aún no lo tengo y ya me estoy angustiando.

Y ahora lo importante: todos mis amigos van a ir poniendo en los comentarios a este post lo que quieren que les regaléis, así que tomad nota porque se lo vais a llevar todo. Y como alguno de ellos me venga el día 7 de enero con alguna queja, ya le podéis decir adiós a los pajes y a las mil y una noches. Y no es broma, que ya sabéis que soy muy de matar, sobre todo en Navidad.

(PD: Melchor, ¿a las tres sotas éstas les puedo dar de comer después de medianoche?)

G. Scrooge


Mala suerte

Diciembre 12, 2006

enanos

Querido G:
Los enanos hemos crecido. Ya sabemos que acabas de montar el circo, pero oye, qué quieres, la mala suerte es así.

Atentamente

Los enanos

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Queridos enanos:
Os equivocáis. La mala suerte no es así. Resulta que no es que me hayáis crecido, es que se me ha encogido el mundo. O sea, que seguís siendo enanos.

Atentamente

G.


Rock and roll en la casa encantada

Diciembre 12, 2006

Hoy estoy contento porque me colé por una ventana en plena noche. Y como estoy contento, quiero bailar. Bailo fatal, eso sí, pero me apetece de todas formas.

Como algunos ya me vais conociendo, no os extrañará que ponga una canción que se canta… desde una casa encantada.

Señoras y señores, el fabuloso George Harrison y su lúdica versión de “I got my mind set on you”. (Y el que al oír la canción no siga el ritmo con los pies, tamborileando en la mesa o meneando la cabeza, es que no tiene sangre en las venas.)

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