Islas en la calle del pez

Diciembre 6, 2006

islas

El barco naufragó -hay barcos que navegan y navegan hasta que por fin naufragan- y aquel hombre se quedó a la deriva, mecido por el oleaje sobre un pedazo de proa, hasta que el mar le empujó suavemente hasta las costas de una isla. Era una isla desierta, una lunita de arena erizada de cocoteros que celebraban el cielo.

Creyendo que estaba solo, el hombre recorrió la isla en busca del mejor lugar para instalarse y aguardar a ser rescatado. Pero cuando dobló uno de los acantilados le dio un vuelco el corazón. Allí había una avioneta hecha pedazos contra un saliente de roca y, junto a los restos del avión, una minúscula cabaña hecha de ramas y mantas que cubrían una cama de hojas de palma. Sentada sobre ella estaba una mujer.

Muy despacio, se acercaron el uno al otro, y cuando estuvieron lo bastante cerca se miraron como si cada uno de ellos fuera un milagro. Ella parpadeó un instante y él supo que acababa de parpadear el mundo.

“Me estrellé con mi avión del club de los aviones hace una semana.”
“Yo naufragué hoy mismo.”

Un año después la cabaña era algo más grade y estaba mejor armada, y la cama de hojas de palma era de dos plazas. La isla parecía mucho más grande. Era 21 de octubre, el mismo día que el hombre había naufragado. Ella estaba haciendo un castillo de arena en la playa -para ella, el alma estaba en los castillos de arena- y él se acercó, la besó y le deseó feliz aniversario.

Mientras cenaban, él tuvo la ocurrencia de preguntar:
“¿Dónde vivías tú antes de estrellarte?”
“En la Calle del Pez número 8″, respondió ella. “¿Y tú?”
Él se quedó sin palabras, como si acabara de ver una aparición. Después de un silencio hormigueante, respondió:
“Yo vivía en la calle del Pez número 9.”

Nunca los rescataron. Ni falta que les hacía.


Amnemodeína

Diciembre 6, 2006

Spellbound

(Año 2021. Europa).

Cuando aquel hombre abrió los ojos, no recordaba nada. Ni siquiera su nombre. Se encontraba en una enorme estancia sin muebles, con las paredes de cemento sin pintar, y estaba tumbado en el suelo. Lo único que había frente a él, también en el suelo, era un pequeño reproductor de imágenes con una nota que decía: pulsa play. Y, al lado, un pequeño espejo cubierto por una capa de polvo gris.

Se acercó y cogió el espejo. Cuando vio su rostro reflejado en él se dio cuenta de que tampoco recordaba cuál era su aspecto. ¿Qué le había pasado? ¿Quién era? ¿Y cómo había llegado hasta allí?

Pulsó play. El pequeño monitor parpadeó y a continuación apareció una imagen. Era él mismo, hablando a cámara.
“Hola”, dijo. “Sé que ahora mismo no recuerdas nada de ti mismo. Eso es porque tú, es decir, yo, te has inyectado amnemodeína, una droga que causa amnesia permanente. Buena suerte con tu vida a partir de ahora. Y un consejo: no intentes averiguar quién eres ni cuál es tu pasado. No merece la pena.”

Y el vídeo se apagó.

El hombre salió de la estancia y, ya en el exterior, se dio cuenta de que se trataba de un amacén situado en un enjambre de naves abandonadas. Parecía un cementerio industrial. Confuso, caminó hasta llegar a la ciudad y buscó el hospital más cercano.

“Hemos enviado sus huellas a la policía”, dijo el médico que le atendió, “y no figuran en ningún registro. Suele suceder con los que toman amnemodeína. Borran sus huellas.”
“Entonces… ¿no pueden averiguar quién soy?”
“Me temo que no. Pero esa no es la mala noticia.”
“¿Hay algo peor?”
“Verá… según sus análisis de sangre, es usted adicto a la amnemodeína. Ha debido metérsela cada seis meses en los últimos diez o tal vez quince años. Y, sinceramente, no creo que pueda desengancharse.”

El hombre trató de pensar en las concecuencias de lo que el doctor le acababa de decir, pero apenas era capaz de razonar con claridad.

“Entonces… ¿qué puedo hacer?”, preguntó angustiado.
“Mi consejo es que se busce un nombre, un trabajo y un sitio para vivir. Pero eso sí, no hay duda de que en unos seis meses volverá a necesitar una dosis. Así que…

…no haga nada ni conozca a nadie que no esté dispuesto a olvidar.”

Y salió del hospital como un fantasma, desorientado y abrumado, con la única meta de vivir una vida olvidable.


A navegantes

Diciembre 6, 2006

Algunos lo habéis comentado ya, así que lo digo. Algunas de las cosas que voy colgando aquí acabarán, si todo va según lo previsto, impresas en papel.

Necesitaba un motivo para escribir con cierta disciplina y regularidad y resulta que lo he encontrado aquí. Así que gracias.

(Disculpad lo personal del post).